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Gracias al maestro Martin Sassone..¡¡¡¡

Debido a que hay pocas leyendas vivas ( dedos de la mano ..¡¡) que merezcan aparecer en BLUESENCASTELLANO , si consideramos un deber y obligacion dejar constancia a través de las palabras de Martín de lo que significa esta visita en la cuna del bluesencastellano….que vuelva muchas veces..¡¡¡¡.

Cronica del concierto de Buddy Guy en Argentina por: http://malbecblues.blogspot.com.ar/2012/05/el-ilusionista.html

El ilusionista
Buddy Guy está repleto de trucos. Toca con la guitarra arriba de su cabeza o por detrás de la espalda. Se la pasa por debajo de una pierna mientras arremete con un solo o la sostiene con una mano mirando al público con gesto cómplice. Golpea las cuerdas con una baqueta o con un pañuelo. Hace un punteo con los dientes o busca un efecto de acople junto al parlante. Gesticula mientras pasa de un tono agudo a uno más grave sin desafinar. Deja el escenario, camina entre el público y sube a la segunda bandeja del teatro. Quiere salir a la calle, aunque no lo logra porque lo frenan los de seguridad. Imita a John Lee Hooker, Jimi Hendrix o Albert King con una naturalidad asombrosa. Buddy Guy es mucho más que una leyenda viva y un gran entertainer, es un verdadero ilusionista.

Anoche, en su tercera visita a Buenos Aires, hizo estallar el Teatro Gran Rex con un show impresionante en el que combinó virtuosismo, talento, historia y mucha onda. Durante dos horas le sacó chispas a su guitarra e hizo delirar al público con un truco detrás de otro. La banda subió al escenario poco después de las 21.30. Los músicos se quedaron inmóviles durante unos segundos, hasta que el tecladista Marty Sammon presentó al hombre que todos estaban esperando. Buddy Guy comenzó con Nobody understands me but my guitar, tal vez el único tema que hizo completo, porque lo que siguió fue como una especie de gran medley en el que fu intercalando canciones que le iban surgiendo en el momento.

“Hello Argentina, I love you”, fueron sus palabras de presentación al término de la primera canción. Raspó las cuerdas de su Fender Stratocaster color crema contra su camisa y soltó los primeros acordes de Hoochie coochie man, que se extendió durante varios minutos, dio pie a un duelo entre él y su guitarrista Ric Hall y luego mutó a She’s nineteen years old. Después siguió con Someone else is steppin’ in, con el que logró que la gente cantara con ganas el estribillo. Luego, Sammon tocó las primeras notas de Fever, Buddy arremetió con su guitarra y unos minutos después la transformó en Miss you, de los Rolling Stones. Alguien desde la platea gritó “!Play the blues!” y él contestó con 74 years young, de su disco Living Proof, a la que reconvirtió en 75 years young. Imitó a John Lee Hooker haciendo Boom boom, dedicó a Muddy Waters una versión muy diferente de Got my mojo workin’ y saludó al Eric Clapton de Cream con Strange brew.

Anunció que haría su interpretación de Albert King mientras bajaba del escenario por un costado. Empezó a caminar por el pasillo. La banda seguía tocando y él sacaba algunos punteos entrecortados. Recorrió el teatro, subió al súper pulman y se asomó. Allí estaba, entre la gente que lo tocaba y le sacaba fotos. El orden que había hasta ese momento se volvió un caos. Buddy regresó a su lugar para una breve versión de Rock me baby que enganchó con los acordes inconfundibles de Damn right I’ve got the blues. Intentó bajar un poco los decibeles con Skin deep pero no pudo. El delirio era tan intenso que Buddy no tuvo más alternativa que llevarlo más allá. “Me olvidé de un guitarrista”, dijo antes de lanzarse con Voodoo child, de Hendrix. La lista de tributos la completó con Ray Charles, Marvin Gaye y, a pedido de un plateista, hizo Sweet sixteen, de B.B. King.

El show no tuvo una estructura convencional y tal vez por eso ni siquiera hubo bises. Cerró con un cover instrumental de Sunshine of your love. Tim Austin se lanzó con un solo de batería recostado sobre el slap del bajo de Orlando Wright. Fue entonces cuando Buddy dejó su guitarra a un costado y empezó a regalar sus púas a la gente. Y así, como por arte de magia, el ilusionista desapareció del escenario. Las luces del teatro se encendieron mientras la banda saludaba al público. Su último truco, dejarnos a todos en llamas, fue también una genialidad.

GRACIAS MAESTRO BUDDY……………….

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