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Los esclavos gallegos

Hoy cuando nos encontramos diariamente con gentes llegadas a nuestro país de lugares tan recónditos como India, Pakistán, Filipinas o China, no pensamos que hace apenas unas décadas fuimos los gallegos los que emprendimos caminos muy largos que nos llevaron a los lugares más recónditos del planeta.

Vemos que estos nuevos emigrantes se amontonan en pisos, juntándose decenas en una misma habitación y precisamente ese amontonamiento les hace que su integración no sea todo lo rápida que quisiéramos.

Pero sobre todas las cosas hay un detalle que poca gente sabe, porque no se ve, y es que muchos de ellos son traídos a Europa por mafias que les explotan durante años aludiendo una deuda de viaje y de mantenimiento que nunca termina. Eso se llama ” esclavitud “, sí, por raro que nos parezca a nuestro lado y de una forma masiva, a veces, viven gentes que son esclavos de mafias organizadas. Estas personas trabajan las horas que les ordenan, en lugares sin higiene, se prostituyen, o roban por cuenta agena, con la única consigna de satisfacer económicamente a “su amo”.

Claro que este tipo de situaciones siempre ha existido y en todas partes del planeta, el comprar a otro ser humano para que hiciera trabajos de forma obligada y sin remuneración alguna toda la vida fue un buen negocio…y lo seguirá siendo.

Pues por raro que nos parezca con nuestra emigración gallega también pasó el mismo caso, eso sí, no de forma masiva, pero varios de nuestros paisanos utilizaban a gente de su entorno en Galicia para que trabajara para ellos de forma barata y por mucho tiempo.

Esclavos gallegos en Cuba

No se sorprenda. En Cuba hubo también esclavos blancos europeos, no obstante ese término nos siga invocando la imagen de un negro.

En nuestra Isla hubo también esclavos rubios y de ojos azules, llegados desde las provincias gallegas, víctimas del más cruel engaño.
Aunque esos emigrantes europeos llegaron aquí bajo el nombre de colonos, de hecho eran esclavos, pues no pueden reconocérsele de otra forma si se tiene en cuenta los crueles maltratos a los que fueron sometidos por sus explotadores.

La infamante esclavitud padecida en Cuba no fue sólo la inflingida a los negros traídos de África, o a los coolíes llegados desde China, muchos años después.
Aquí hubo también esclavos blancos traídos desde las provincias gallegas, a los que se les dio similar trato que a los esclavos negros, y, en algunos casos, aún mucho peor.

Sin embargo, el tema es en verdad casi desconocido, en parte porque pareciera poco creíble que tales hechos pudieran suceder a mitad del siglo XIX, en parte porque la esclavitud negra y asiática pertenecía al orden natural que hasta más allá de la mitad de la centuria se vio como un mal inevitable para muchos.
La fuerza que llevó a la esclavización de hombres naturales de la propia España se escondió detrás de una cortina. Pero fue tan cierta —matices más o menos— como las otras.

Las causas se conocen: Galicia, hacia 1850, andaba en la ruina; y muchas de sus gentes se vieron obligadas a desterrarse por la hambruna.
En Cuba los “indios” habían sido prácticamente exterminados; el miedo “al negro”, crecía por día, y la trata china estaba en ciernes.
Entonces el viejo concepto de importar mano de obra barata a tono con la mejor “teoría colonizadora hispano-cubana” —según explica Manuel Moreno Fraginals—, se hizo cargo de canalizar la desesperación de los gallegos y hacerlos carenar en Cuba “para utilidad de los grandes empresarios”.
Hasta aquí sobre gallegos esclavos en Cuba. En el próximo espacio de La Ciudad de las Columnas continuaremos con este casi desconocido tema de nuestra historia.

Esclavos negros en América

La forma era igual que la utilizada en nuestros días, se reclutaba a la gente de la propia aldea y de las vecinas que quisiera emigrar y no tuviese dinero para hacerlo y se los embarcaba con la promesa de trabajo y bienestar. Una vez en el país de destino se los acomodaba en un rincón y a partir del primer día pasaban a trabajar para su “benefactor” con la escusa de pagar los gastos adquiridos en pasage, estancia y comida diaria. Esta situación se alargaba en los años y mientras el benefactor embolsaba los beneficios los “paisanos” trabajaban de sol a sol y nunca acababan de pagar la deuda.

Otras veces se les obligaba a realizar delitos, eso si, de poca cuantía que no ensuciaban el nombre del patrón sino del empleado. Y que decir de las mujeres que fueron llevadas de la aldea al burdel, y de los niños que debieron trabajar a la par que sus padres para liquidar la deuda.

Nuestra emigración también tubo su ” zona oscura ” pero a nadie nos interesa reconocerla por lo denigrante y despreciable que ha sido. Bueno sería que nuestros descendientes supieran que no todo fue como se cuenta sinó que, como decía mi padre “de emigrante…¡ hay que pasarlas putas!”

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Coruñeses esclavizados en el delta del Mississippi

Centenares de emigrantes acabaron engañados en las plantaciones para sustituir a los negros

La progresiva abolición de la esclavitud negra en 1865 tras la Guerra de Secesión norteamericana provocó una enorme demanda de mano de obra en las plantaciones que los antiguos traficantes negreros intentaron paliar con la una masiva inmigración de indios del Yucatán, coolies chinos o europeos pobres.
Documentos hallados en los archivos históricos coruñeses por la profesora Aurea Rey, presidenta del Círculo de Artesanos, revelan la actividad de los ganchos norteamericanos para captar incautos con destino a las plantaciones de Nueva Orleáns en una ciudad de A Coruña depauperada por la ola de miseria que siguió a la epidemia de cólera que diezmó Europa en la segunda mitad del siglo XIX. Los archivos de la Beneficencia coruñesa recogen en 1872 la presencia en A Coruña del traficante norteamericano Charles Nathan, que repartió por toda la ciudad unos pasquines en los que se invitaba a emigrar a las haciendas de Nueva Orleáns a los coruñeses bajo unas condiciones aparentemente ventajosas.
Una circular del gobernador coruñés Enrique de Leguina publicada en 1880 disipa cualquier duda acerca del infausto destino que aguardaba en Nueva Orleáns a los incautos coruñeses que cayeron en las redes del traficante Nathan. “Me dice el cónsul de España en Nueva Orleáns —afirma Leguina— que de los que emigraron a esas tierras de la Luisiana en 1873 apenas se encuentra rastros de alguno de ellos, porque los demás dejaron su huesos en el fondo de aquellos pantanos. Nuestros agricultores no pueden reemplazar a los negros en aquellos campos pantanosos y cálidos y perecen después de haber pasado una vida llena de penalidades y sufrimientos”. El gobernador pide que se hagan públicos los datos de las verdaderas condiciones infernales que esperan a los colonos captados, para “tantos infelices coruñeses ilusionados con falaces y engañosas promesas no se vean sumidos en la miseria o encuentren una muerte prematura y segura en tan peligroso clima e inhospitalarias regiones”.
El traficante Nathan llegó a proponer a la corporación coruñesa presidida por Federico Tapia la entrega de los niños mayores de 12 años del Asilo de Mendicidad para enviarlos a las plantaciones de Nueva Orleáns a cambio del pago de una comisión de seis reales por cabeza, lo que fue rechazado por “indigno”. Un informe elaborado por el ayuntamiento coruñés evidencia que realmente se trata de un “engañoso negocio sin escrúpulos con el que se quiere sustituir por niños coruñeses la mano de obra esclava negra, que una vez libre no quiere hacer esos inhumanos trabajos.

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ARTICULO COMPLETO……………¡¡¡¡¡

El último defensor de la esclavitud

Texto: Santiago Romero

Escena de la esclavitud. / LOC
La revisión histórica sobre la esclavitud abierta en EEUU por la llegada al poder de Obama ha hecho emerger la controvertida figura de Ferrer de Couto

El azar ha querido que en el día que se celebró el segundo centenario del nacimiento de Abraham Lincoln, Barack Obama fuera presidente de los Estados Unidos. Esta asociación, más allá del azar, no deja de tener unos tintes de asombroso paralelismo histórico que han alimentado todo un entramado mediático entre ambas figuras, hasta el punto de convertir al primer presidente negro de los EEUU en una resurrección del legendario dirigente que erradicó la esclavitud. El propio discurso presidencial de Obama fue comparado con la histórica alocución de Lincoln al pueblo americano en Gettysburg durante la Guerra de Secesión.
La simbiosis entre Obama y Lincoln, un presidente que sería recordado, admirado y respetado a lo largo de los años, se debe sobre todo al magnetismo de sus trayectorias personales. Lincoln, como Obama, fue un hombre humilde y hecho a sí mismo que tenía como prioridad principal de su vida política mantener la unidad de la nación que no llegaba ni a los 100 años de historia.
La Guerra Civil o de Secesión dividió el norte y el sur durante su presidencia, con el reto presidencial de mantener unido el país. Cosa que finalmente sucedió. De Lincoln nos quedan para la historia algo tan importante como el Acta de Proclamación que abolió la esclavitud. O el discurso de Gettysburg en que dijo la tan repetida frase de “el gobierno del pueblo, por el pueblo, para el pueblo, no desaparecerá de la Tierra”.
Lincoln ha sido un modelo para muchos presidentes. Infinitamente citado y estudiado, el primer presidente asesinado de la historia de los Estados Unidos tiene hoy un lugar de honor en Washington. El Lincoln Memorial guarda mucha similitud con una iglesia: al entrar en él, el visitante siente una terrible emoción, empequeñece de golpe ante tal monumentalidad. Obama ha repetido hasta la saciedad su predilección por Lincoln. Lo mencionó en más de una ocasión durante su campaña. Lo hizo en el discurso de aceptación de la nominación y en el discurso de victoria. Es un referente que está en el imaginario colectivo de los americanos que ha querido reclamar también como suyo.

Escena de la esclavitud. / LOC

Esta revisión viviente del mito de Lincoln ha comenzado a limpiar lo que Obama llamó en su discurso de investidura presidencial la “mancha del pecado original de la esclavitud”. Y viene a superar la brecha histórica abierta por el asesinato nunca aclarado del líder de la lucha por los derechos civiles de los negros Martin Luther King hace más de tres décadas, que llevó al dirigente del movimiento radical negro Malcom X a pronunciar su terrible frase: “Yo no soy americano. Yo soy uno de los 22 millones de negros que han sido víctimas del americanismo”. La llegada de un negro a la Casa Blanca ha abierto en Estados Unidos un vasto e incómodo proceso de revisión histórica del fenómeno de la esclavitud que por primera vez comienza a abordarse con unas claras premisas históricas alejadas del tabú.

Escena de la esclavitud. / LOC
Un claro ejemplo de este proceso es la magna exposición organizada por la Sociedad Histórica de Nueva York sobre el papel de la clase empresarial neoyorquina en la abolición de la esclavitud, un hecho que tuvo un enorme impacto sobre la economía a mediados del siglo XIX. Una de las joyas rescatadas en esta muestra es un controvertido libro publicado por el ferrolano José Ferrer de Couto, propietario del primer periódico de habla hispana en Nueva York —La crónica— y miembro activo de la sociedad pudiente de la Gran Manzana —como prueba la extensa necrológica que le dedicó a su muerte el New York Times en 1877— que encabezó en los estados del norte la oposición a los planes abolicionistas de Abraham Lincoln. Los negros en sus diversos estados y condiciones; tales como son, como se supone que son y como deben ser, publicado originalmente en Nueva York en 1864, un año antes del final de la Guerra de Secesión y del asesinato de Lincoln, que acaba de ser reeditado en España por la editorial Extramuros especializada en libros raros y antiguos, es un extenso estudio que intenta justificar económica, histórica y moralmente la práctica de la esclavitud —que Ferrer de Couto no reconoce como tal, sino como “trabajo organizado de los negros”— y se plantea como una base de acuerdo para que ambos bandos en guerra, el norte de Lincoln y el Sur de Jefferson, la preserven sea cual fuere el resultado final de la contienda. “Tratando de facilitar un acomodamiento honroso entre el Norte y el Sur de los Estados Unidos se han pensado y escrito todos los argumentos de este libro”, dice Ferrer de Couto en el prólogo. El periodista coruñés entiende que la esclavitud de los negros es en realidad “el rescate de aquellos infelices” de sus “atroces” condiciones originales en África y la “aplicación de sus fuerzas a la agricultura y a la industria es un hecho civilizador y humanitario”.

Trabajo en las plantaciones y traslado en los barcos negreros.
/ LOC
Los argumentos de Ferrer de Couto deben situarse en su adecuado contexto histórico, en el que sus razones configuraban un debate tan normal entonces como el que hoy pueda darse en nuestra sociedad sobre la conveniencia de el abaratamiento del despido como solución a la crisis económica y al desempleo. Hay que recordar también que la abolición abocó a los negros a otra especie de esclavitud de facto no reconocida oficialmente como mano de obra barata y sin apenas derechos en las fábricas del industrializado norte, si bien es indiscutible que su emancipación fue el primer paso de un tortuoso camino que ha desembocado en la asunción del máximo poder de los Estados Unidos por un hombre del mismo color que aquellos esclavos.
“El libro de Ferrer de Couto —señala el editor de Extramuros, Carlos Carrillo— pese a ser una obra más que controvertida, no deja de ser un interesante documento, nunca antes reeditado, donde se tratan el origen y la legislación histórica de la esclavitud, el movimiento abolicionista, los diferentes tratados internacionales al respecto en la época de la guerra de secesión americana, así como una propuesta de paz aceptable para ambos bandos”.
Ferrer de Couto escribe en 1864, en pleno declive de España como superpotencia mundial que tocará suelo en 1898 con la pérdida de Cuba y Filipinas, que “una de las causas principales que fomentan el desorden actual en toda la América española es la falta de brazos que hay en aquellos países desde que, por los excesivos arranques de su liberalidad, han abolido el trabajo forzoso de los negros”.
No duda en atribuir históricamente a España y Portugal la responsabilidad del tráfico de esclavos a gran escala desde África a América. “Comenzóse con esto la costumbre de esclavizar a aquellos miserables trayéndolos a España hasta que el descubrimiento del Nuevo Mundo, a los últimos del siglo XV, hizo dar un nuevo giro a estos procederes”, dice Couto, que considera que este flujo permitió “arrancarlos de los altares del Demonio y trasplantarlos a tierras cultas donde al fin alcanzaban el conocimiento de Dios y de la vida social, por los caminos de la religión y el trabajo”. Para reforzar este argumento, el periodista Ferrer de Couto, gran conocedor de África, hace en su extenso libro unas detalladas descripciones de la brutalidad que impera en las naciones del África occidental desde que la influencia española y portuguesa fue desplazada por los “filántropos” ingleses y franceses, que dejan en un cuento de hadas las atrocidades registradas en El corazón de las tinieblas de Conrad, ambientado en el Congo.
Valga este ejemplo:

Grabados sobre la esclavitud y anuncios de subastas de negros en Nueva Orleans / LOC

“Bahadung, rey de Dahomey, se dispone a celebrar la fiesta del rey Gezo, su predecesor. Queriendo superar en grandiosidad a todos los monarcas anteriores, Bahadung ha mandado abrir una zanja inmensa, que deberá contener la sangre humana necesaria para que pueda recorrerse en lanchas. Con este objeto serán degolladas dos mil personas”.
El periodista ferrolano se presenta a sí mismo como un reformador que reniega de los esclavistas inhumanos y expone todo un detallado manual legislativo de lo que denomina como “moderna y humanitaria esclavitud”, que debería ser según él uno de los pilares económicos de la sociedad americana que emergiese de la guerra fratricida de Secesión.
Para ser justos con Couto —y esa es la labor del revisionismo histórico que se está desarrollando actualmente en Estados Unidos sobre la esclavitud— hay que decir que su posición era la dominante entonces en buena parte parte de la sociedad neoyorquina, como se admite en la muestra antes mencionada de la Sociedad Histórica:

Lincoln lee la Biblia con una de las primeras negras emancipadas. / LOC
“Los redactores de la prensa de Nueva York de la época alababan la esclavitud como un sistema benévolo de trabajo y el único adecuado para los de ascendencia africana”.
La prueba es que el New York Times dedicó a Couto en 1877 una generosa necrológica —reproducida en la página 3 de este reportaje— en la que lo retrata como un gran periodista que amasó una considerable fortuna en la ciudad de Nueva York, en la que ejercía una importante influencia y era sin lugar a dudas el gran referente de la numerosa colonia española de entonces —no hay que olvidar que España era entonces una gran potencia mundial—. Couto, que según el homenaje póstumo del rotativo neoyorquino estaba en posesión de todas las grandes distinciones de la Corona española, era un gran erudito que escribió numerosos libros de tema histórico —entre ellos, la historia de la Armada española, en la que un antepasado suyo, Diego De Couto, se distinguió en la batalla de Trafalgar— y era celebrado entre la alta sociedad como un personaje único que se batió varias veces en duelo.
Su figura emerge ahora de la historia en un tema ingrato al que no podemos asomarnos —como el propio Obama dijo de la historia de su país— sin empaparnos antes del contexto de la época.

“Lincoln hace inevitable la guerra”

“La elección de Mr. Lincoln como presidente de la República hace inevitable la guerra, fue como el primer cañonazo disparado entre las dos secciones”.
Así fue recibida la llegada de Lincoln al poder en La Crónica —cabecera que en algunas fuentes figura como El Cronista—, primer periódico de habla hispana publicado en Nueva York y propiedad del ferrolano José Ferrer de Couto.
“La proclama expedida por el presidente Lincoln el 22 de septiembre de 1862 contra la esclavitud de los negros, o hablando mucho mejor, contra la legítima propiedad de las provincias sublevadas, puesto que de los beneficios de dicha proclama quedaban exentos los negros esclavos en otros Estados fieles a la Constitución federal, en lugar de reprimir la insurrección, le dio mayor cuerpo y energía”, escribe Couto poco después.
Una vez desatada la guerra de secesión, las páginas de La Crónica achacan desde Nueva York toda la responsabilidad de la tragedia a la proclama abolicionista de Lincoln:
“Hace tres años que este país era la envidia del universo. Treinta millones de habitantes de todas clases, religiones y naturalezas vivían reunidos y felices bajo el gobierno más libre de todo el mundo. Hoy, la mitad del país se halla en rebelión contra el gobierno. Trescientos mil soldados americanos pelean unos contra otros en los alrededores de la capital de la Nación. Los ejércitos leales destruyen las propiedades públicas y particulares en el Sur y los ejércitos rebeldes invaden y destrozan el Norte. Tal es el espantoso estado de la República. ¿Quiénes son los responsables? Hace unos treinta que unos fanáticos que salieron de la Nueva Inglaterra principiaron á agitarse sobre los negros y los propietarios de esclavos en el Sur se ofendieron de esta tentativa para privarles de su propiedad. Voy a concluir fortificando en el ánimo de mis lectores la idea que he emitido y que he de sostener, de ser la cuestión de los negros causa principal de tanta desolación, y todas las demás secundarias. La anarquía, con todo su séquito de horrores, se ha comenzado a manifestar sedienta de exterminio en la América septentrional, y siempre por la misma causa. por la causa de los negros”.
Su oponente Abraham Lincoln murió asesinado a tiros en un teatro en 1865, apenas un año después de las diatribas de José Ferrer de Couto, por un fanático del Sur, James Booth. El periodista ferrolano continuó siendo un personaje influyente en Nueva York hasta su muerte en 1877. Fue enterrado en la megalópolis estadounidense por expresa decisión suya.

Despacho del cónsul de España en Nueva Orleáns alertando sobre la esclavitud encubierta de españoles.
(l) Aurea Rey
Coruñeses esclavizados en el delta del Mississippi

Centenares de emigrantes acabaron engañados en las plantaciones para sustituir a los negros

La progresiva abolición de la esclavitud negra en 1865 tras la Guerra de Secesión norteamericana provocó una enorme demanda de mano de obra en las plantaciones que los antiguos traficantes negreros intentaron paliar con la una masiva inmigración de indios del Yucatán, coolies chinos o europeos pobres.
Documentos hallados en los archivos históricos coruñeses por la profesora Aurea Rey, presidenta del Círculo de Artesanos, revelan la actividad de los ganchos norteamericanos para captar incautos con destino a las plantaciones de Nueva Orleáns en una ciudad de A Coruña depauperada por la ola de miseria que siguió a la epidemia de cólera que diezmó Europa en la segunda mitad del siglo XIX. Los archivos de la Beneficencia coruñesa recogen en 1872 la presencia en A Coruña del traficante norteamericano Charles Nathan, que repartió por toda la ciudad unos pasquines en los que se invitaba a emigrar a las haciendas de Nueva Orleáns a los coruñeses bajo unas condiciones aparentemente ventajosas.
Una circular del gobernador coruñés Enrique de Leguina publicada en 1880 disipa cualquier duda acerca del infausto destino que aguardaba en Nueva Orleáns a los incautos coruñeses que cayeron en las redes del traficante Nathan. “Me dice el cónsul de España en Nueva Orleáns —afirma Leguina— que de los que emigraron a esas tierras de la Luisiana en 1873 apenas se encuentra rastros de alguno de ellos, porque los demás dejaron su huesos en el fondo de aquellos pantanos. Nuestros agricultores no pueden reemplazar a los negros en aquellos campos pantanosos y cálidos y perecen después de haber pasado una vida llena de penalidades y sufrimientos”. El gobernador pide que se hagan públicos los datos de las verdaderas condiciones infernales que esperan a los colonos captados, para “tantos infelices coruñeses ilusionados con falaces y engañosas promesas no se vean sumidos en la miseria o encuentren una muerte prematura y segura en tan peligroso clima e inhospitalarias regiones”.
El traficante Nathan llegó a proponer a la corporación coruñesa presidida por Federico Tapia la entrega de los niños mayores de 12 años del Asilo de Mendicidad para enviarlos a las plantaciones de Nueva Orleáns a cambio del pago de una comisión de seis reales por cabeza, lo que fue rechazado por “indigno”. Un informe elaborado por el ayuntamiento coruñés evidencia que realmente se trata de un “engañoso negocio sin escrúpulos con el que se quiere sustituir por niños coruñeses la mano de obra esclava negra, que una vez libre no quiere hacer esos inhumanos trabajos.

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