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Fotos y texto Arturo Olvera Hernández

Luego de que el sábado pasado se frustrara la tocada de los Blues mother, banda amiga que me había invitado a su presentación en el Tianguis sabatino del Chopo, pensé en regresar a casa con la intención de escribir algunas entrevistas grabadas con anterioridad, pero Antonio González, uno de los mothers que anduvo por este tianguis donde pululan cada sábado cientos de punketos, darketos, rockeros, metaleros y, por supuesto, bluseros. Fuimos a dar a la concurrida vecindad, una casona antigua, construcción que seguramente tiene más de 100 años de construida y donde la dueña, conocida como La Güera atiende cada sábado a docenas de melómanos aficionados al rock y al blues.

En este sitio se intercambian, venden y presumen discos compactos y elepés, ediciones raras o muy escasas que se venden en una buena cantidad de pesos. Llegan conocedores de la historia del rock, del blues, el jazz y dialogan con la mejor intención de intercambiar ideas y enriquecer sus conocimientos, es como una informal y especial academia de iniciados que discuten sobre discos, libros, películas y parafernalia relacionada con los mencionados géneros musicales.

También le caen músicos, todos con el ánimo de convivir y brindar copiosamente con cerveza que vende a raudales La Güera. Y este sábado en compañía de Toño y el Richard, ambos aficionados a la armónica, convivimos con toda esta fauna de conocedores. Posteriormente llegó el viejo lobo Rodolfo Cruz y la cerveza fluyó de manera constante y alegre.

Por este sitio de esparcimiento y recreación se aparecen Mario Compañet y sus “joyas”, El Chino y su amplio conocimiento del blues internacional, Arturo y su enciclopedia de portadas de rock, El Chaneke y sus 130 kilos de rock, Pedraza, El Caballo, El Gallo con sus tamales, Benja, Hugo y sus bien elaboradas copias CDs de blues, algunos muy raros. El Miyagi, El Benja, Toño González y El Cokis. También le ha caído Jorge García, armonisista de Follaje, Isidoro Negrete y Roberto López, El Actor y muchos más que van con la intención de vender, comprar o intercambiar discos y por supuesto, beber cerveza a discresión.

Pero este sábado se puso chido cuando al caer las sombras, Rodolfo y El Richard sacaron a relucir sus armónicas y tocar algunas piezas de blues que ambientaron de manera sutil el ambiente bohemio que priva en la vecindad de La Güera, quien no se cansa de despachar cervezas y más cervezas.

Y así cada sábado se discute única y exclusivamente de rock, blues y otras yerbas. Dios salve a La Güera.

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