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Texto y fotos Arturo Olvera Hernández

Otro señorón del blues en México es el experimentado Ernesto de León, hombre tranquilo, de gran espiritualidad. Maestro de la guitarra, casi medio siglo de experiencia en esto del rock, el blues, el boogie y otros ritmos afines que ha sabido abordar y darles lustre.

Nos reunimos con Ernesto y el buen amigo Antonio Cruz, manager de Ernesto, allá por el norte del Distrito Federal o la gran ciudad de México. Un restaurante fue el marco para la charla al mediodía, degustando algún platillo y bebiendo naranjada, como buenos chicos. Y como en una charla espontánea, Ernesto inició su historia.

Jarocho y fiestero

“Vengo de una familia muy fiestera, somos veracruzanos (estado que baña el Golfo de México), y hacían fiesta por cualquier pretexto, entonces mamábamos música, nos criaron con música, pero al llegar el rock se dio un cambio total, nos dimos cuenta que esa era nuestra música. A partir de ahí ya no la abandonamos y la agarramos con una pasión increíble, y al paso del tiempo comprendí que lo que estábamos oyendo, su raíz era el blues, y entonces dije vámonos directamente a las raíces”, fueron las primeras palabras de Ernesto, quien al recordar aquellos primeros años se le alegra el rostro y esboza sonrisas con frecuencia.

¿Cuándo escuchas el primer blues?

“Con un cantante negro como a los 13 años, aunque antes ya había escuchado algunos cantados por blancos, por ejemplo Bill Halley tenía un instrumental llamado El blues del cometa, pero tenía unos cuates que venían de Tijuana a ensayar y traían unos discos de B.B. King y se notaba la diferencia, aunque no lo entendí inmediatamente porque lo escuchaba un tanto monótono porque me había acostumbrado al rocanrol y el blues era más acompasado y tenía pocos cambios de tono. Pero después lo escuché en vivo cuando vino el Canned Heat, vinieron también los primeros Animals con Eric Burdon. Pero también había un mexicano que tocaba el blues de manera contundente, era Sergio Villalobos, él sí transmitía el blues en todo su esplendor, y fue cuando yo dije esta es mi música, esto es lo que yo quiero llegar a hacer, entonces tenía como 17 años, por 1967 y ya tocaba con un grupo llamado Los ovnis, dije, es lo único que me interesa y quiero llegar a ser blusista”.

Su primera lira

¿Cómo fue tu primera guitarra, tus primeros acordes, cómo recuerdas todo esto?

“Mi primera guitarra me la regalaron cuando yo tenía cuatro años, me la dio mi mamá y era prácticamente un juguete, recuerdo que le rompí todas las cuerdas y me quedó solamente una y para que no acabara de romper me la guardaron en un ropero bajo llave y ahí se quedo, pero cuando ya tenía como ocho años la descubrí nuevamente y fue maravilloso, la rescaté y con ella aprendí mi primer rolita con una sola cuerda. Después convencí a mi mamá para que me comprara otra, fue una de medio uso de madera y esa sí tenía sus seis cuerdas. Era la época del rocanrol y me iba a ver a los grupos que tocaban en aquel tiempo, como vivía cerca del la estación de radio XEW, entonces cuando sabíamos que habría grupos de rock íbamos y veíamos que traían sus guitarras que eran muy distintas a la guitarra tradicional, la guitarra eléctrica se caracteriza por sus colores llamativos, su brillo y me di cuanta que eran muy delgadas. Entonces después llegué a mi casa, agarré un serrucho y la empecé a cortar para que me quedara delgadita jajajaja, le puse su tapa y la ensamblé y la adapté para conectarla a la electricidad, pero imagínate como sonaba. Ya después los convencí para que me compraran una guitarra eléctrica en abonos (pagos), ya con esa guitarra llegaron un día Los ovnis a buscarme por que buscaban un guitarrista y alguien les había dicho que yo tocaba, les dio buenas referencias y yo los había visto ya en varios conciertos, pues eran casi profesionales y hasta en la televisión salían. Entonces cuando me fueron a buscar me aluciné y no lo podía creer, pero no tenía amplificador, pero me dijeron, no te preocupes te ayudamos y lo sacamos en abonos, pues ellos ya tocaban regularmente en un café del centro de la ciudad, todo iba bien pero al poco tiempo empezaron a cerrar los cafés de la ciudad, y un día llegamos y el café ya estaba cerrado y se habían quedado nuestros instrumentos adentro, eran tiempos de represión hacia los jóvenes, luego de un tiempo pudimos sacar nuestras cosas, recuperé mi amplificador y empezamos a hacer giras por el interior de la República”.

Voy para loco

¿Qué tocaban en ese tiempo Los ovnis?

“Era rocanrol, era el tiempo del a go-go y hacíamos covers como La última vez, que tocaban los Stones, fue nuestro éxito radiofónico y nos llamaban mucho de la provincia, para bailes en muchos lados del país. Era un disco sencillo y aparte salió en LP, había una pieza muy negra que se llamaba I go crazy, (Voy para loco), rolas que nos llegaban por medio de los grupos que llegaban de Tijuana, venían más actualizados con rolas como Susy Q o Bule bule que dieron paso a otra época la del a go-go”.

¿Y cuándo descubres el auténtico blues?

“Bueno, con Los ovnis tocábamos una pieza de Big Joe Williams titulada Baby please don’t go, pero aquí le pusimos El ovni, era un cover hecho a la idiosincrasia del mexicano, quedó bien, todavía la oigo a veces, era una adaptación al español y funcionó muy bien, bueno llegamos a tener nuestro club de fans y llamaban a la radio para pedir nuestras rolas, también grabamos Light my fire, otra que también pegó. Luego llegó la onda sicodélica y el grupo se estaba desbandando, entonces conocí a un periodista de nombre Armando Molina, que se enteró que nos estábamos separando y me invitó a hacer La máquina del sonido y para entonces ya había penetrado más el blues y nos dimos cuenta que el blues era lo máximo, hicimos un disco para CBS y le metimos mucho blues, algunos en inglés y otros en español. En esta época sicodélica me metí en las drogas, empezamos a experimentar con drogas fuertes como el LSD, la mente se nos voló y nos íbamos a otras dimensiones, me acuerdo que estábamos ensayando y salía el toque (cigarrillo de mariguana), nos quedábamos tan arriba y terminábamos el ensayo, nos despedíamos, me subía a un autobús y cuando me daba cuanta ya me había pasado de mi casa muchas cuadras, nos perdíamos y con el LSD, peor, perdía uno la noción del entorno y el tiempo, era un disfrute la sicodelia, que quiere decir disfrutes de la mente, pero como experiencia estuvo bien y ahora me sirve para ayudar a los jóvenes en estos problemas ”.

¿Luego de estas experiencias de vida, te encuentras con qué, con quien, cómo retomas el camino?

“Por algo estoy aquí, además el blues es algo sublime, es algo digno de que sea conocido, de expresarlo y de difundirlo. Después de La máquina del sonido vino el Three souls in my mind, en el anterior grupo ya no había cohesión por lo mismo que cada quien armaba sus locuras, le pegábamos durísimo, ese álbum que grabamos para CBS eran puras locuras, yo veía mi guitarra y a la hora de tocar la guitarra salían chispas de colores y las figuras de las notas las veía como surgían disparadas, veía el piano y el teclado lo veía ondulado, andábamos en otra dimensión, éramos una banda muy pesada y prendida, cuando tocábamos se sentía la potencia, pero lamentablemente llegó el shok. El disco era muy sicodélico con temas originales de nosotros y sólo un cover que era In a gada da vida”.

Tiempos difíciles

Cuenta Ernesto que luego llegaron tiempos difíciles, los lugares para tocar poco a poco fueron cerrando y nosotros nuevamente habíamos comprado equipo en pagos y nos urgía trabajar para que no nos embargaran el equipo y organizamos nuestras tocadas para recaudar fondos.

“Pero no hacía falta otro grupo para hacer la tardeada y alguien nos dijo de un grupo que no cobraba muy caro, se llamaban Hangar ambulante, quienes por tocar hasta ni cobraban pero tampoco tenían instrumentos, lo único que tenían era la guitarra de Sergio Villalobos y llegaban a las tocadas cuando terminaban los grupos y pedían chance para tocar, eran buenísimos, excelentes, Sergio Villalobos fue el mejor guitarrista de México y en gran ausente en el Festival de Avándaro. Bueno pues los fuimos a buscara para que tocaran cono nosotros pero habían salido de gira, pero alguien conocía a unos chavos que se llaman el Three souls in my mind que vivían en la colonia Del valle, ellos empezaban y no cobraban mucho, fuimos a buscar a Alejandro Lora que era un chamaquito como de 16 ó 17 años, ahí conocimos a Alex, un chavito muy flaquito, parecía que acababa de salir de la secundaria, nos presentamos y dijo que ya nos conocía, se impresionó cuando llegamos. Les dijimos, queremos que toquen pero no hay mucha lana (dinero), ‘claro que aceptamos maestro, como que no’. Y se apuntaron, ahí fue cuando los conocí, entonces tocamos La máquina del sonido y el Three souls… ahí escuché por primera vez a Alex y su voz ronca. Para entonces yo ya tenía broncas con los de La máquina y estaba por desbandarse y les comenté a los del Three… que intentáramos algo, pero que yo quería tocar blues, exclusivamente blues, y aceptaron y empezamos a ensayar y así se formó el primer Three souls…, Y quedamos que si funcionaba pues adelante, y si no, cada quien por su lado, esto fue en 1969”.

Esta primera formación del Three Souls la formaban Alex Lora, Charly Hauptvogel, Ernesto de León, quien a su vez había invitado a Toño Limón, a quien había conocido en Los ovnis.

“En 1970 fue el Festival de Avándaro y en ese año, en mayo muere Sergio Villalobos, éramos de la misma edad y alternábamos mucho, era un tipo excepcional y el mejor guitarrista de México, él fue el que me transmitió el blues, yo ya lo había oído, pero para que el blues te guste tienes que oírlo en vivo (directo) y tocado por alguien que realmente lo transmita. Ya cuando vino Canned Heat también lo escuché en vivo, traían una energía tremenda, con la Máquina del sonido les abrimos un concierto”.

¿En cuántos discos participaste con el Three souls…?

“Fueron ocho, desde el primero que fue solamente Three souls in my mind hasta el que se tituló La devaluación, esto fue de 1970 al 78, en aquellos años Pármenides García Saldaña nos dijo, ‘si ustedes quieren tocar blues, sáltense a los intermediarios, si ustedes oyen músicos blancos lo están tomando de segunda mano, los negros son los efectivos, y nos habló de Elmore James, de John Lee Hooker y así fue como yo empecé a irme a las raíces, los descubrí y empecé a formar mi colección de discos y aprendía algunas técnicas, yo quería hacer blues, aunque Alex y Charly andaban más en la onda del Grand Funk, Ten years afther, grupos más pesados y a mí me seguían gustando los Rolling Stones, los Beatles, Canned Heat, Chuck Berry, Hendrix y les dije, vámonos al blues y olvídense de los demás, lo aceptaron y funcionamos bien, luego Alex se clavo en la onda de protesta y llegó un momento que no me gustaba tocar rolas como Masturbado, no le veía caso y sentía que me apartaba del blues, yo quería realizar una verdadera banda de blues, las primeras rolas sí me gustaban y estaba de acuerdo, pero después me di cuenta que cada quien debía seguir por su camino, ya no había la cohesión que hubo, me salí y empecé a grabar mis propias rolas”.

Luego de su salida del Three, Ernesto fue requerido por Tony Vértiz para revivir El hangar ambulante.

“Y en ese tiempo andaba Olaf, Antonio de la Barrera por acá, el fue bajista de Canned Heat, habían alternado con John Lee Hooker, Ike y Tina Turner y otros, era ya una estrella internacional y cuando supo que nos estábamos reagrupando se unió y anduvimos tocando por diversos rumbos de la capital, alternábamos con Canned Heat e íbamos mucho a provincia, fue una muy buena época.”

Actualmente, Ernesto o Erny como le dicen los cuates (amigos), reparte su tiempo entre algunas tocadas con su grupo llamado simplemente la banda de Ernesto de León, donde lo acompaña regularmente Isidoro Negrete en la armónica y de vez en cuando Charly Hauptvogel y algún bajista. Se presenta principalmente en el Centro cultural José Martí y en otros festivales donde es invitado con su grupo. De León todavía tiene mucho que aportar al blues hecho en México y en nuestro idioma castellano.

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